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Fábula de Pla Ventura

  • Número de capítulos publicados: 42
  • Publicación semanal cada miércoles
 
  Publicación del próximo capítulo: miércoles 19/09/2018  
 
   : Capítulo # 9 07/12/2011
  LORCA  

S

ara se sentía ilusionada por lo que estaba viviendo pero, aquel aciago día del 11 de mayo de 2011 ocurrió una desdicha en España que le asoló por completo el corazón.

Para ella, dicha fecha, será imposible de olvidar.

Tras el almuerzo, mientras reposaba un rato antes de partir  nuevamente hacia el trabajo, los noticieros de la TV, desde España, mostraban unas imágenes horribles. En la ciudad de Lorca, en la provincia de Murcia, había ocurrido un seísmo tremendo.

Lo que Sara estaba viendo la conmovió tanto como lo de Haití, Chile, Japón o cualquier otro lugar en el mundo donde se haya producido un cataclismo de esta naturaleza, sucede que se daba la particular circunstancia que en Lorca, vivía un hermano suyo que se había marchado a España, hace ya unos cuantos años atrás, en búsqueda de un mejor horizonte; no había tenido suerte en Costa Rica y, en su momento, decidió partir hacia España como lo hacen otros muchos millones de sudamericanos con la esperanza de concretar, en la madre patria, su sueño de una vida mejor en paz y con trabajo.

Lógicamente, tras contemplar las imágenes y saber de los muertos de los que hablaban los noticieros, el pánico cundió en su ser. También había muchos heridos. Las imágenes eran horribles; un caos inmenso en toda la ciudad. Y Sara, naturalmente quería saber de su hermano; necesitaba urgente saber si a él le había sucedido algo. Los intentos que hizo por el teléfono para comunicarse con él eran todos infructuosos; no había conexión, al tiempo que ella se desesperaba. La llamada de la sangre, tan vital como la del amor, le estaba haciendo pasar un trago amargo.

Ella sentía desdibujada su alma y su cuerpo lacerado por el dolor que estaba sintiendo, ya que la incertidumbre de no saber, le estaba haciendo trizas el corazón.

Sus ilusiones se habían quebrado de un momento a otro; jamás hubiera podido sospechar que una tragedia semejante ocurriría en España y mucho menos que iba a llegar a afectarle de tal modo. El destino suele ser así de cruel y caprichoso como lo estaba penando Sara misma, en ese momento. ¿Quién le hubiera dicho - tiempo atrás - a ella, que estando en San José, su ciudad, en la que vivía ahora gozosamente, una tragedia española iba afectarla de tal modo?.

Su desesperación crecía por momentos. Sus intentos por comunicarse con España resultaban baldíos. Hasta llamó a la Embajada Costarricense en Madrid con la finalidad de tener noticias más concretas sobre el seísmo que asoló la ciudad de Lorca. Todo resultaba en vano; nadie le aclaraba nada y su corazón se le seguía saliendo del pecho, por la angustia que sentía.

¿Qué habrá sido de mi hermano?. Se preguntaba a cada instante. Las imágenes que seguía viendo por TV eran cada vez más dramáticas; los muertos en las calles producían verdadero escalofrío; el contemplar y comprender que en este día, más de veinte mil personas quedarían en la calle sin poder acceder a sus viviendas, era algo que le partía el alma a Sara.

¿Qué hacer?. ¿Dónde llamar?.

Estas eran las preguntas que ella se hacía para sí misma; quería tranquilizarse, rezaba, lloraba, penaba, pero no encontraba el consuelo necesario para, tener fuerzas y volver a su trabajo. Llamó a su despacho y comunicó lo que ya sabían todos, razón por la cual, desde las más altas esferas del liderazgo de la empresa le dijeron que se tomara todo el tiempo que necesitara. Lo primordial era saber de su hermano.

Su madre, lógicamente, estaba muy consternada y Sara lo notaba, por más que la buena mujer, intentaba mostrarse serena y confiada en Dios. Si ella estaba sufriendo lo indecible por su hermano, que es lo que no estaría penando su madre. La desolación se había instalado en el corazón de ambas  mujeres, y ahí se iba a quedar, al menos hasta que tuvieran noticias concretas respecto de lo acontecido con su querido muchacho.

Estaba cayendo la noche en San José de Costa Rica y, ésta se presagiaba muy larga; Sara se había trasladado a la casa de su madre para ayudarla, acompañarla y, desde ahí mismo tratar de localizar a su hermano. La desesperación reinaba también en el cuerpo de la madre; ellas, tenían el televisor conectado con el canal 24 horas de TVE, con la esperanza de tener mejores noticias o, al menos, más alentadoras cuando dieran el parte de los fallecidos, si entre éstos no se encontraba su querido muchacho, esto ya sería un respiro para sus almas.

Una y otra vez mostraban las imágenes de la tragedia y, a medida que las trasmitían, aumentaba el dolor de la madre y la hija.

Y más intentos baldíos con el teléfono; llamadas de todo tipo que no les aportaron nada nuevo; los teléfonos con los que habían podido contactar, nadie sabía nada.

Cundía el desánimo y, lo que es peor, la desesperación. Eran ya altas horas de la madrugada cuando, sin poder conciliar el sueño, en un nuevo intento que hace Sara de llamar, por fin, contestó su hermano.

- ¡Hermano querido! ¿Cómo estás? . – Balbuceó muy emocionada Sara -

- ¡A Dios gracias estoy bien! ...  ¿y mamá? – lo escuchó decir bajo y con mucha descarga del otro lado del tubo - ; la tragedia ha sido terrible, pero he tenido la suerte de que el seísmo no me afectó. Aquí reina una desolación inmensa. ¡Qué Dios nos ayude Sara! ¡Esto es horrible!

 
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  Autor: noelia 12/12/2011
  Luis, ha sido genial la idea que has tenido de
introducir en tu novela una de las nuevas tecno-
logias de nuestros tiempos modernos. Internet.

Mas de uno nos vamos ha ver reflejados en todo
cuanto acontezca a Sara,

Muchas personas, me incluyo también, Internet,
Google, etc. nos ha hecho ver la vida de otro
modo. Nos ha abierto ventanas al mundo y nos
ha puesto al alcance paises, costumbres, libros,
música, creadores, científicos, en fin, nos
ha puesto el mundo en nuestras manos, cosa
impensable tan solo hace 100 años.

Con Sara y este nuevo personaje que aparece en
su blog creo que vamos a vivir aventuras extraor-
dinarias.

Felicitaciones Luis,
Noelia.