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Fábula de Pla Ventura

  • Número de capítulos publicados: 42
  • Publicación semanal cada miércoles
 
  Publicación del próximo capítulo: miércoles 24/01/2018  
 
   : Capítulo # 5 09/11/2011
  SU FORMA DE SER  

A

quello de bucear en el fondo de su alma era la debilidad de Sara; rememorar viejos tiempos, añorar hechos pasados, recordar su feliz infancia, su adolescencia junto a los suyos; toda una película de imágenes en “blanco y negro” que pasaban por su mente para el regocijo de su propio corazón. Como ella diría, en realidad, “solo somos pasado” y el suyo le quedó grabado en el fondo de su alma.

Para la señora Gabriela, su madre, ella era su auténtica debilidad; así lo sentía ella y, al paso de los años, para su madre, Sara continuaba siendo la adolescente que dicha señora crió con inusitado esmero. Habían pasado muchos años y aquella unión entre madre e hija seguía latente; ambas habían soportado duros lances del destino, pero nada ni nadie lograron ensombrecer un amor como el que ellas se profesaban. Incluso la señora Gabriela solía recriminar a su hijita cuando ésta llegaba a su casa con “uniforme” informal.

-Pero Sara –decía la señora– tienes que vestirte acorde con tu lindo cuerpo; viniste con esa ropa informal que opaca tu belleza; eres muy bella y como tal debes de mostrarte ante la sociedad.
-Mamita, el “hábito no hace al monje” –susurraba Sara-. Como sabes, me gusta arreglarme mucho más para el trabajo ya que, para dicho menester debo estar inmaculada; hoy es domingo y, cualquier “trapo” me sienta bien; no tengo que ir de “conquista”, por tanto, estoy bien así. Tampoco pretendo encandilar a nadie; soy como soy y de tal modo me quiero mostrar. Lo que me preocupa es gustarme a mí misma y, como tal, así me sucede; y no es por vanidad, es por sentirme bien y con eso me basta y me sobra.

Estos eran los “reproches” de la señora Gabriela con su hija; pequeños detalles sobre puntos de vista pero, nada que pudiera ensombrecer el amor y respeto que madre e hija se profesaban. Sara, todos los días, al llegar a la casa, como primera tarea, era llamar a su madrecita; de no hacerlo, de pronto sonaba el teléfono y era la señora Gabriela la que le preguntaba cómo le había ido en la jornada laboral; y esta era la excusa para saber de ella.

Allí tenía fotos de sus hijos cuando eran pequeños; remembranzas del alma porque al ver dichas fotos, en ocasiones, hasta se le hacía un nudo en la garganta de la emoción que sentía; eran años felices que, junto a su marido fueron capaces de criar unos hijos admirables y ahora, pasado el tiempo son personas de provecho ante la vida.

Pero la grandeza de Sara venía dada por haber sabido sobrellevar todos los trances amargos que, como cualquier ser humano había soportado en la vida, siempre, sin perder la sonrisa ni la ilusión; sus convicciones, como ser humano y su pasión por la propia vida granjearon dentro de su ser, una persona admirable, justamente, la que muchos envidiaban. Vivir, como Sara decía, es la única importante, lección maravillosa que ella había aprendido tras su peregrinar por el mundo.

En ocasiones, hasta se llevaba para la casa ciertos informes de la empresa para su estudio; era en el fin de semana cuando, concentrada al máximo, decidía al respecto. De tal modo, el lunes, al llegar a la empresa traía soluciones bajo el brazo que, la dirección general de la empresa elogiaba con respeto. Esta fue la primera lección que aprendió en su casa; amar el trabajo, circunstancia que tan buenos resultados le había deparado en la vida.

Además del trabajo, Sara amaba todas las cosas bellas de la vida; su mayor virtud, su sensibilidad para con los que le rodeaban, valor inmenso que le propiciaba situaciones tan importantes que, el resto de los humanos apenas podían sentir. Su persona era grata allí donde se encontraba; era ella la que tenía que “huir” en muchas ocasiones del bullicio porque la gente le quería tener a su lado, conversar con ella, sentirse arropada con su palabra que, como siempre, solía cautivar, tanto en el trabajo como en cualquier foro que se pronunciase. Sin duda, un don que Dios le había dado y que ella compartía con sus semejantes; pese a su carácter, a veces indómito por aquello de hacer bien las cosas, cuando lo que en realidad pretendía era reunirse consigo misma para analizar errores y, ante todo, ser mejor persona.

Era introvertida, aunque su carácter, frente a los demás, la hacía ver como la más extrovertida del mundo; extraña coincidencia a la que ella explicaba que, por su trabajo y por sus relaciones ante las gentes que le arropaban, tenía que usar semejante “careta” para protegerse a sí misma de cuantas circunstancias le rodeaban.

Sara era, ante todo, su más fiel “crítico”, sin duda, un valor tan lindo que, de llevarlo a cabo la humanidad, sin duda alguna lograríamos un mundo mejor.

 
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  Autor: noelia spada 13/11/2011
 
M e gustaría mucho ser amiga de Sara.
La amistad de una persona como ella ha de
ser muy gratificante.

Sigo pensando que es perfecta y tiene
muchas cualidades pero, la verdad, a
medida que comprendo su manera de ser
me da un poco de complejo....

¿Que nos tienes reservado Luis?

Abrazos,
Noelia.