Plumas invitadas
Las fábulas de Pla Ventura
Entre lo Divino y lo Pagano
Frases célebres
Noticias
videos de Facundo Cabral
 

El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

 
 
< Volver a "Las Fábulas de Pla Ventura"
 
 

Fábula de Pla Ventura

DESENCANTO

  • Número de capítulos publicados: 100
  • Publicación semanal cada miércoles
 
  Publicación del próximo capítulo: miércoles 18/07/2018  
 
   DESENCANTO: Capítulo # 100 05/10/2011
  TRIUNFÓ EL AMOR  

T

ras aquel desborde de arte y tauromaquia que Ingrid y El Mago habían brindado y  gozado,  en la Santa María de Bogotá, ya en el hotel, disfrutaban junto a sus amigos el sabor del éxito. Jamás antes, dicho hotel, había registrado tanta expectación en torno a dos de sus  pasajeros. Allí se congregó lo más granado de la afición colombiana para rendirle homenaje a este par de triunfadores.

¡Qué sabor tan dulce tiene el éxito!.

Claro que, ellos, como sucediera con el corte de coleta en el ruedo bogotano, no se dejarían embaucar por él ni por la fama. Tenían todo previsto; sus planes los habían concretado ya, desde hacía bastante tiempo atrás.

Juntos se marcharían a México, la tierra natal de Rodolfo. Allí, seguramente los aguardarían muchos  otros  aficionados para agasajarlos; pero, fuese como fuese, su etapa taurina ya estaba cerrada; además, antes que  todos esos aficionados, un ser humano muy importante los aguardaba también; y, de manera muy especial al diestro. Era la querida madre de Rodolfo, que hacía ya demasiado tiempo que lo esperaba ansiosa y anhelante, para fundirlo en abrazo y llenarlo de ternura ... y de besos ... con la misma ilusión,  con que lo hizo, aquella vez, cuando su muchachito, tenía que venir a este mundo.

Sesenta años después de que Rodolfo naciera, doña Alicia lo  seguía  esperando con la misma  y renovada ilusión  de aquella vez. Al fin y al cabo, era casi lo mismo, porque su hijo, después de aquél horrible accidente de aviación, había vuelto a nacer aunque esta vez lejos de ella, situación que había sumido a la noble y anciana mujer en la más cruel de las incertidumbres. Y ya era tiempo que ella, disipara de una vez y para siempre, personalmente esa sensación, al tener otra vez – sano y salvo – entre sus brazos, a su amado muchacho.

Ingrid, que no dejaba nada  ni a nadie en Colombia, había decidido compartir el resto de su vida junto a Rodolfo; en México o dónde él hubiese querido estar; para ella, había triunfado el amor y lo demás salía sobrando.

Todo estaba decidido para el regreso a México. El miedo mordaz y rotundo  que Rodolfo sentía, de solo pensar que tenía que subirse otra vez, a un  avión lo tenía  dominado gracias a  que  Ingrid, en esta ocasión, lo acompañaría para compartir el resto de su vida junto él, que era el hombre a quien ella amaba.

Todo lo tenían previsto; primero la retirada como toreros y, acto seguido, el hecho de marcharse juntos a México; pero había algo que, Ingrid  desconocía; El Mago le tenía preparada una sorpresa mayúscula; y, era mucho el riesgo que Rodolfo asumía pero, en el fondo de su ser, barruntaba que la sorpresa  si bien, sería  mayúscula para ella, iba a ser mucho más que agradable para  su mujer amada.

Ya tenían prevista la fecha de su partida hacia el país azteca; incluso tenían comprados los billetes de avión. Y es cierto que, cuando Ingrid, en la habitación del hotel, acomodando entre otras cosas las pertenencias de Rodolfo comprueba que este tenía guardados tres pasajes de avión, se asombró.

¿Tres pasajes ?, se preguntaba ella. No lo entendía  bien. Ya que de esto, no habían hablado en ningún momento. ¿Quién sería la persona que vendría con ellos?.  Le preguntó entonces, sin vueltas, a Rodolfo el motivo de ese tercer boleto de avión y éste, antes de contestarle la abrazó muy fuerte pero con inusitada ternura. Y le contó.

Ingrid lloró de la emoción cuando supo quien era  el tercer acompañante.

Se trataba nada más y nada menos que de un niñito de esa casa de  acogida,  que Rodolfo había visitado, después de recuperarse de su  accidentada llegada a Colombia, allá en Cali. Desde aquél momento en que Rodolfo visitó aquel centro, rondó por su cabeza la adopción de un niño; pero comprendía que  eso de momento, no le era posible ya que él solo, no se atrevía. Pero cierto es que, desde que  sintió y supo a la vez, que Ingrid quería pasar el resto de su vida junto a él, Rodolfo no tardó en hacer los correspondientes trámites para la adopción.

Y, para dicha del Mago, el niño adoptado se llamaba  también Rodolfo. Tal vez fue casualidad o tal vez  El Mago lo adoptó, por llamarse como él, pero sea como sea, el niño en cuestión -gracias a Dios-,  ahora, con El Mago e Ingrid tendrá unos padres que lo cuidaran y mimaran – como necesita un niño que lo hagan - y, para siempre.

Rodolfito tenía  tan solo  tres años y era  portador  de la más maravillosa ternura.  Era un pequeño ángel de amor.

Si El Mago estaba feliz, Ingrid no podía contener las lágrimas ante la maravillosa sorpresa.
Desde el mismo centro de acogida, los responsables de tan noble labor, llevaron a Rodolfito hacia Bogotá para que sus padres adoptivos lo recibieran,  con inmenso amor, directo, en sus brazos y con todos los recaudos legales que manda la ley colombiana de adopción. Todo estaba perfecto.  Y, ya habían llegado al hotel.

La alegría de todos los involucrados – incluso la del niño que ajeno al significado, de todo lo que sucedía, igual era inocentemente alegre, tan solo porque sí,  por ser un niño –  era contagiosa e inmensa.

Y cuando el niño estuvo por primera vez, en los brazos de Ingrid, ésta casi se desmaya por la tremenda emoción que sintió. En cambio El Mago, estaba más “entero” al respecto; suya había sido la idea, por tanto, él era ahora el dueño  absoluto  de su propia  y completa  felicidad.

Culmina así, de este modo tan sencillo y tan simple pero tan auténtico, noble y verdadero, el periplo colombiano de Rodolfo Martín “El Mago”, ese hombre, ese torero que vino a nacer de nuevo en Colombia, al que admiraron los colombianos más que a ningún otro y, el que supo conectar con ellos de una forma fantástica; hasta convertirse y ser aceptado como un colombiano más, hecho que trasunta la pauta, que allí lo quieren hasta lo inimaginable; su fama era grande, pero lo más importante es que su corazón lo era todavía mucho más.

El Mago, cansado de mil amoríos, encontró otra vez el amor en su vida, encarnado ahora, por  esta bella mujer torera, a quien él pudo darle, además de su  más profundo, sincero y puro  amor de hombre y de ser humano, la alternativa como doctora en tauromaquia  y este bello y saludable hijo, que la bondad y el cariño de ambos, rescata para siempre, de la indiferencia y el olvido.
Y el milagro se consumó una vez más en la eterna espiral del tiempo; porque el destino confabuló para que estos bellos seres, tan  desdichados en pasados momentos,  ahora sean merecida y acabadamente felices, porque para eso saben que nacieron. Ellos así lo asumieron y ellos así lo concretaron.

Hacia México partieron los tres para empezar una vida nueva.

El Universo, Dios, la Vida ... siempre sabe lo que hace y, una vez más, lo vuelve a confirmar.

 
  Nombre
  Email
 
  Comentario
 
INSERTE EL CÓDIGO para activar su opinión
CAPTCHA Image
código:     ((Pincha si no puedes leer el código))

 
consulta y respeta las normas de uso
 
  Autor: Icia 28/03/2012
  hola  
  Autor: noelia spada 05/10/2011
 
Querido Luis,

Con esta tu novela "DESENCANTO", y todos los
entrañables personajes que han ido apareciendo
en ella hemos amado, sufrido, sonreído, soñado,
hemos sentido penas, alegrías y emociones.

Ha sido todo un conjunto de vivencias que nos
ha enriquecido a todos. Hemos viajado por
Colombia, bello país, conocido a sus gentes,
la bonita Plaza de Toros de Cali y nos hemos
también integrado al fervor de todos los segui-
dores de la Fiesta en Ámerica Latina.

Todo lo que nos has ofrecido, Luis, ha sido
un espectáculo de exultante belleza. Por tu
narrativa tan figurativa habían momentos que
se podían escuchar los ¡Olé! o ¡Bravo! de los
espectadores, asi como ver los pases del "Mago"
o de la "Morenita de Bogotá" con toda la
gracía, temple y donaire que requiere una buena
corrida de Toros.

Ha sido todo un disfrute seguir los capítulos de
"Desencanto" a veces leídos de dos en dos o de
tres en tres por falta de tiempo semanal para
seguirlos. Y nunca nos han defraudado más bien
la espera del próximo era anhelante.

No te voy a nombrar todos los personajes pero
si te diré que de todos he aprendido algo, todos
han sido portadores de grandes cualidades humanas
que tu has sabido muy bien poner de una manera
sencilla pero directa de manifiesto.

Hasta "El Mago" y "Morenita" además de saber
amar incondicionalmente han escogido SER antes
que TENER, cualidad esta que les honra y de la
que todos tenemos que aprender para conseguir
vivir mejor, en paz y plenitud.

Gracias Luis por tu mensaje, que recojo con
devoción.

¿Será tu última novela?

Besos, abrazos y un te quiero,
Noelia.