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Fábula de Pla Ventura

DESENCANTO

  • Número de capítulos publicados: 100
  • Publicación semanal cada miércoles
 
  Publicación del próximo capítulo: miércoles 18/07/2018  
 
   DESENCANTO: Capítulo # 98 21/09/2011
  LA APOTEOSIS  

E

n los compases de la lidia  de esa corrida, que se estaba celebrando en la tarde capitalina y, en la que se doctoraba Morenita de Bogotá, se había producido ya la enorme catarsis del éxito que había hecho vibrar a los protagonistas y, por supuesto al enardecido público que llenaba los graderíos de la Santa María.

Ingrid y Rodolfo jamás olvidarán este festejo; muchas razones lo certificaban, pero ante todo no podrán olvidarlo nunca porque, tras tantos años de lucha, Ingrid se convertía  al fin en matadora de toros.

Incluso, hasta Dieguito González pudo saborear el éxito; en menor medida que sus compañeros,  porque le tocaron en suerte los toros menos propicios; pero el muchacho no se arredró y hasta supo cortar una oreja de cada uno de sus enemigos para salir también en hombros acompañando a sus alternantes.

Como si fueran cómplices en todo, Rodolfo e Ingrid,  con los respectivos enemigos que les quedaban por lidiar, hicieron las delicias de los aficionados; e Ingrid hasta se atrevió a poner un par de banderillas en el toro del Mago puesto que éste  la invitó para que lo hiciera  y, la locura se desató dentro de la plaza de toros.

Además, los toros quisieron colaborar para que el espectáculo fuese así,  grande e inolvidable. Sabido es, que en ocasiones, los toros desbaratan las ilusiones de los hombres pero, en esta  oportunidad, nada falló. El destino confabuló a favor del Mago y, de  su amadita a la que doctoraba en dicho festejo.

La gente se rompía las manos de tanto aplaudir; los gritos y vítores eran incesantes. La conexión del alma que Rodolfo e Ingrid tenían, se había contagiado por completo a los graderíos de dicha plaza. La emoción crecía hasta límites inimaginables; era, sin duda alguna, un suceso irrepetible.

Nunca más se llevaría a cabo algo similar. Nadie sabía lo que pasaría al final de la corrida; pero daba la sensación que todos intuían que,  lo que allí dentro estaba ocurriendo no era normal; los bogotanos estaban presenciando un festejo que, al finalizar, obtendría el calificativo de inolvidable, primero por el caudal de arte que allí se había dado cita y, más tarde, por  todos los demás motivos que lo hacían único.

Allí hubo de todo; hasta una voltereta que el segundo de los astados, propinó a Ingrid lanzándola por el aire, para terminar luego con una caída dramática; allí corrió El Mago con su capote para hacerle el quite; llegó antes que los propios subalternos; el corazón se le salía del pecho; ver izada  por el aire  a la mujer amada supuso para Rodolfo el susto más grande de su existencia. Ingrid había querido ejecutar el pase cambiado por la espalda y,  no calculó bien la distancia de su enemigo y así fue entonces que, éste la prendió de  mala manera levantándola por el aire como un guiñapo; la caída resultó brutal. Y menos mal que, el toro, en su bondad, no  se ensañó con la torera y la dejó en el suelo sin arremeter contra ella.

No había herida en el cuerpo de Ingrid; El Mago la  levantó del suelo y se ofreció él  para matarle al toro; ella no lo consintió. Maltrecha y, dolorida como estaba, pero con un ataque de amor propio en su ser, se perfiló para matar a su rival; apenas tenía fuerza, razón por la cual falló en los tres primeros intentos, pero terminó fulminando a su enemigo en la cuarta estocada.

El toro había lacerado el vestido de Ingrid y  ésta  lucía un muslo al aire; al que por fortuna el pitón  del toro no le caló la carne; se retiró entre ovaciones a la barrera, incluso el público la obligó a dar una aclamada vuelta al ruedo. Aunque Ingrid  estaba exhausta y apenas tenía fuerzas, antes de salir por la puerta grande del coso bogotano, los tres diestros junto con el ganadero dieron esa vuelta al ruedo; sin duda, la vuelta más aclamada que los aficionados andinos recordarán en los anales de su historia taurina.

Cuando los aficionados se disponían a sacar en hombros a  la terna de actuantes, en ese instante, por la megafonía  de la plaza se pide un minuto de  atención. Tenían que emitir un mensaje inesperado.  Al escuchar de que se trataba la plaza enmudeció ante ello; no podían creer lo que estaban oyendo, no daban fe. Solos dos personas dentro de aquel recinto no estaban afectados, sencillamente porque ellos sí sabían que al final del espectáculo se daría la noticia que todo el mundo estaba escuchando.

Tras  dicho mensaje, la gente no sabía si reír o llorar; lo que sí hicieron de pronto fue prorrumpir en una sonora ovación que duró  varios minutos. La emoción que allí se vivía era incontenible; jamás antes habían sentido algo igual. Y entre  llorar o aplaudir; decidieron aplaudir, vitorear  a viva voz a los actuantes que, demostraron haber dado lo mejor de sí mismos, sin duda, una eclosión de arte al más alto nivel, todo ello, constituía una auténtica corrida de toros, en la que se jugaron  con entrega y pasión  lo  mejor que tenían, sus vidas.

 
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  Autor: Lilian De Marco 25/09/2011
 
Luis

Gracias por escribir de un modo extraordinario haciendo que el lector se meta dentro de la historia misma. Placer navegar por el océano de tu talento.

Un abrazo desde mi alma agradecida de leerte.

Bendiciones abundantes para ti

Lilian Elizabeth De Marco