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Entrevistador: Sergio Sarmiento
27/02/2012
FACUNDO CABRAL: "Me excita la idea de la muerte"

L

a entrevista con Sarmiento, primero de mayo de 2002     

VERSIÓN ESTENOGRÁFICA DE LA ENTREVISTA CONCEDIDA POR FACUNDO CABRAL, CANTANTE Y COMPOSITOR ARGENTINO, AL PERIODISTA SERGIO SARMIENTO, CONDUCTOR DEL PROGRAMA LA ENTREVISTA CON SARMIENTO, DE TV AZTECA.

SERGIO SARMIENTO: Hola amigos, qué tal, sean ustedes bienvenidos a La Entrevista. Hoy se encuentra con nosotros, ya lo vieron ustedes en este video, Facundo Cabral, el cantante, compositor argentino, quien se encuentra en nuestro país celebrando nada más y nada menos que 30 años de trayectoria musical.

Facundo Cabral, gracias por estar con nosotros aquí.

FACUNDO CABRAL: No, es un placer.

SERGIO SARMIENTO: ¿Por qué celebrar 30 años?, finalmente hay gente...

FACUNDO CABRAL: 30 años de amistad con México.

SERGIO SARMIENTO: De amistad con México, claro, fue la primera vez que estuviste en México, de trayectoria musical 42.

FACUNDO CABRAL: Por qué festejar, ¿decías?

SERGIO SARMIENTO: ¿Por qué festejar estos 30 años?

FACUNDO CABRAL: Porque México es un festejo, porque lo menos importante son 30 años de dar conciertos en tu país, que yo puedo decir que es mi tierra también, cómo no, porque cambio toda mi vida, no fue simplemente, a nivel profesional ni hablar, porque...

SERGIO SARMIENTO: ¿Qué año era cuando viniste a México?

FACUNDO CABRAL: 1972, no conocía a nadie, nadie me conocía. Había una canción mía que era muy fuerte, empezaba a ser muy fuerte, no, ya hacía dos años que era fuerte, por una grabación de Alberto...

SERGIO SARMIENTO: No soy de aquí ni soy de allá.

FACUNDO CABRAL: Claro, pero yo no sabía que era un éxito, y nadie sabía que esa canción era mía, todo el mundo pensaba que era de Alberto, porque él es compositor, entonces es raro que haga algo que no sea de él. Y además podía ser perfectamente de Alberto, por el estilo de...

SERGIO SARMIENTO: De Alberto Cortez, porque no lo dijiste y no todo mundo lo va a...

FACUNDO CABRAL: Perdón, y yo llegué, fue este milagro, yo soy un hombre de perfil muy bajo, que difícilmente vaya a algún programa, es muy difícil. Tengo una vida, yo soy una especie de lobo estepario, tengo profundo amor por la soledad y no me gusta, me expuse mucho en los primeros años y no me pareció ni de buen gusto, ni me dio placer, yo no soy por las famas grandes, nunca fui.

SERGIO SARMIENTO: Pero llevas muchos años apareciendo en los escenarios y eso no me suena a un lobo estepario.

FACUNDO CABRAL: En México, porque fíjate, por ejemplo, yo voy a Argentina, no sé cuántos años paso sin ir a cantar a mi país. Por ejemplo, en México sí, y fui a un programa y en seguida se dio una cosa fantástica con la gente, tanto que era un noticiero el programa y se fueron levantando las noticias y yo estuve todo el programa ahí.
Y a la semana debuté en el Palacio de Bellas Artes.

SERGIO SARMIENTO: Bellas Artes.

FACUNDO CABRAL: Entonces era todo como una película de Gene Kelly y esas cosas mágicas, que sale un señor y zapatea en la calle Broadway , está muerto de hambre y pasa el señor Meyery se lo lleva a Hollywoody gana el Óscar, y compra una casa en Cannes y se casa con María Félix. Claro, todo eso junto, y tienen un hijo maravilloso, que además es muy buena persona y el Papa le envidia la piedad y la Madre Teresa lo ama, y Malraux quiere leer su poesía. Bueno, todo así fue.
La primer llamada que entró al aire fue José Alfredo Jiménez
diciendo: yo quiero ser cuate de ese señor; la segunda fue la Doña.
Yo llegué así a México, se me multiplicó la fe, pero no de lo que hacía solamente, porque yo en mi país, aun tan abierto a la cosa, al misterio...

SERGIO SARMIENTO: Facundo, me dices que no das conciertos ya en Argentina, o hace mucho que no los das, ¿pero por qué, porque no hay interés, porque ya te has quedado atrás, o porque no te interesa a ti?

FACUNDO CABRAL: Se dio así, ¿por qué no es?, yo tengo muchos, muchos amigos en Argentina, es más, la única vez que yo creo que fui masivo en el mundo fue en mi país, cuando los días que llegó la democracia, que parecía que iba a cambiar todo, la gente no tomó en cuenta que con la democracia llegan también los políticos, y se hace una cosa bastante difícil para la democracia, son dos cosas que no...
Y ahí fui masivo yo mismo, me fui en pleno éxito en el año 65, había estado casi dos años, porque he vivido poco en mi país, la última vez que yo canté fue en el 85 y volví 10 años después, con Alberto, en el 95, y después fui 5 años después con Alberto, y todos esos años yo vengo, aprendí a dar las gracias en México, entonces si me daban algo, un café, lo que sea, gracias. Vi con placer que el hombre se ponía de pie antes de que se pare la mujer para detener su silla y detener la puerta; aprendí a pedir un café por favor.

Y se desató mi fe, eso que yo cuidaba tanto como una cosa, casi como una debilidad, ese amor casi secreto que yo tengo en mi corazón, aquí estalló, porque yo veía imágenes en los buses, en los taxis, me decían: nos vemos mañana, primero Dios. Es una cosa, una versión que es tan bella y latinoamericana de lo que es la fe, que me volví loco.
Empecé a tener amigos tarahumaras, lacandones, una señora que me llevó por el país y me hizo conocer cosas extraordinarias, Amalia Hernández, las etnias, los chamulas, los yaquis, los yaquis que tenían una escuela para desaprender, en el desierto de Sonora, conocí a Erich Fromm en Ciudad Obregón en 1972.

SERGIO SARMIENTO: Erich Fromm, el psicoanalista, sí.

FACUNDO CABRAL: Fue el país de mi vida, porque además después de México vi de otra manera al mundo y el mundo fue mucho más gentil conmigo, el mundo me abrió muchas puertas después de México; yo estaba en el banco y pasé a jugar a la cancha.

SERGIO SARMIENTO: Llevas 30 años de dar conciertos en México, de conocer a México de una manera u otra, te vas a enfrentar al público de México este 3 de mayo en el Teatro Metropolitan, ¿sigue generándote algo de temor, algo de...? )f3)

FACUNDO CABRAL: No, nunca, a lo mejor suena pedante lo que voy a decir, pero sí, uno se supone que es pedante, no importa, pero es cierto, es cierto. Alguna vez digo, la gente me acusa, dice que yo soy pedante, yo no creo que sea malo ser pedante, lo malo es ser pedante y no tener motivo para serlo. Fíjese qué inteligente, era inteligente, claro. Pedante, te digo, porque si hay amor no puede haber miedo, el miedo es la antítesis del amor, y yo subo al escenario por amor, siempre subí lleno de amor, nunca estuve nervioso en un escenario, jamás.

SERGIO SARMIENTO: Pero ya no tienes el vigor de antes, has entrado aquí al estudio con dificultades, tienes, te apoyas...

FACUNDO CABRAL: Ahora subo y bajo de los aviones en una silla de ruedas, y de milagro llego hasta el micrófono, pero, bueno, tú lo sabes, cuando se enciende, tú lo sabes mejor que yo, te comunicas con millones por día, es una energía que te olvidas de todo, que tus debilidades se hacen a un lado y aparece solamente tu fuerza cuando estás frente a la cámara, y esa multitud, que te ve porque cree en ti, que es una manera de amarte, confía en lo que le estás diciendo y que tienes la información contigo y que tu análisis a él le va a servir, lo va a aclarar. ¿Cómo vas a estar débil?
Yo llego al escenario y tengo 18 años físicamente, intelectualmente tengo 2 mil, porque si me aclaran cosas que yo no hubiese podido escribir en soledad, yo me escucho decir cosas que son mucho mejores que yo, hay como una medio unidad, algo mejor que uno pasa en el escenario.

SERGIO SARMIENTO: Te alimenta el público.

FACUNDO CABRAL: Si yo no, esto dicho sin que suene a tango ni sea dramático, si yo no hubiese seguido subiendo al escenario yo no estaría todavía en este lado de la vida, ya hubiera estado fuera, porque hace muchos años que me están diciendo: bueno, ya está.

El escenario aumentó la comodidad de mi madre, física, intelectual y espiritual. El escenario me acercó a Rubinstein , el escenario me acercó a Octavio Paz, el escenario me permitió ver a Hugo Sánchez en su propia tierra, el escenario, el Pibe Valderrama, por el escenario tengo los libros que quiero tener, por el escenario tengo una biblioteca en Buenos Aires, por el escenario soy mejor persona, soy un buen tipo por el escenario, que yo no era un buen tipo.

Entonces yo subo con mucho amor, la gente que va al teatro lo sabe, es una fiesta, sale mejor de lo que entró, porque yo no subo a conquistarla, sino a contar qué me conquistó, y no subo a gustarles, sino a contarles qué me gusta.

Una señora me dijo una cosa, siempre la gente te dice cosas geniales:
yo vengo a verlo, cada vez que usted viene a mi pueblo yo vengo a verlo, señor Cabral, una señora muy humilde. Ah, señora, le agradezco. Aunque hay cosas que no le entiendo, es más, si hay que ser muy honesto hay muchas cosas que no le entiendo, es más, vamos a hablar, sacar la máscara, casi nada le entiendo. Le digo, señora, yo le agradezco mucho que usted venga todos los años, es más, seguramente yo vengo porque usted viene, si no, no vendría, pero si no me entiende, ¿por qué viene? Y me dijo algo glorioso: porque de vez en cuando me gusta ver a un hombre libre y feliz. Y yo le dije: Señora, nadie entendió como usted.

SERGIO SARMIENTO: Facundo, ¿qué tanto papel hay todavía en el mundo de los escenarios para un cantante como tú, que se basa en unos cuantos instrumentos, en el ingenio, en letras?

FACUNDO CABRAL: Uno solo, está solo ahí.

SERGIO SARMIENTO: Por eso, solo, pero es que ahora lo que vemos en los escenarios son grandes bandas, vemos toda serie de trucos, de escenografía, de iluminación, y tú no te presentas frente al público...

FACUNDO CABRAL: No, lo mío es lo más silvestre, es decir, yo no creo que Spielberg me conozca.

SERGIO SARMIENTO: ¿Pero no se decepciona la gente de tener algo que no sea espectáculo en ese sentido?

FACUNDO CABRAL: Al contrario, está viendo, de esa gente que me escucha, cuidado, yo no soy un tipo masivo, yo vivo en teatro, y éste es uno de los teatros más grandes que voy, siempre he ido a teatros de mil 200, es un teatro como de 3 mil, y esto para mí es como un estadio. No, esa gente que me escucha, esa inmensa minoría diría, ¿te acuerdas?, Jiménez, el de Platero, decía...

SERGIO SARMIENTO: Juan Ramón Jiménez.

FACUNDO CABRAL: Nosotros, la inmensa minoría, los que tenemos el privilegio de ser contemporáneos de la rosa. Esa inmensa minoría que me escucha ama lo simple, como yo amo al minimalismo, ama lo mucho y lo poco que busca el taoísmo, por eso nos encontramos.

No, al contrario, pienso que es refrescante, a mí también se me hace refrescante escuchar a Yupanqui, por ejemplo, de vez en cuando siento que es un aire fresco.

Pero no, pero me decías, mi especie no, mi especie lamentablemente, esto te lo digo con dolor, salvo que me gustaría estar desinformado, que no fuera la realidad, yo creo que desaparece conmigo, lo mío es una manera que tiende quizá, prácticamente no existe, yo insisto en ese carril pero creo que, por eso te decía, si Spielberg me conociera o viniera a un concierto seguramente diría: es el último dinosaurio del valle, porque yo siento eso.

Ahora me es muy ajena la sociedad, todo lo que sucede me es ajeno, desde una computadora, los gritos, la prisa, yo ya no tengo nada qué ver, nunca tuve mucho qué ver, yo he sido un ilegal que ha pasado por la legalidad muy de vez en cuando, soy un tipo totalmente, como se dice hoy, underground , siempre lo fui, y me gustó serlo, me gusta ser casi secreto, es decir, que cuando tiene que llegar a quien tiene que llegar, yo soy muy chinoide en eso.

SERGIO SARMIENTO: ¿Chinoide?

FACUNDO CABRAL: Sí, las cosas tienen que llegar cuando tienen que llegar, a quien tienen que llegar, o un poco budista, porque lo que debe ser será y sucederá naturalmente. Yo no creo, tengo esta charla contigo, seguro lo tengo en la cabeza, seguro, no pienso que voy a llegar a la gente ad hoc con lo que yo hago, tengo una charla contigo y me voy a comunicar con seguramente mucha de la gente que te escucha, pero mucha de la gente no me escucha, porque tenemos fervores similares, la literatura, lo que tú quieras. Eso es todo, no es invadir la ciudad con carteles, es estar con quien tengo que estar, con quien me gusta estar en el momento y el lugar donde debe ser.

SERGIO SARMIENTO: Facundo, ¿no te sientes viejo?, siendo sobre todo que fuiste un revolucionario, y digo un revolucionario en el buen sentido de la palabra.

FACUNDO CABRAL: Sí, las dos cosas me siento. Ahora, mi novedad es: no hay novedades en tu vida. Hay una sola novedad en una sociedad desdichada: mi alegría, mi alegría es novedosa hoy más que nunca, mi alegría de vida, mi agradecimiento a la vida es novedoso, mi positivismo es novedoso en una sociedad que descree de casi todo.

Pero viejo, sí, no te imaginas la, se lo decía a un gran amigo, que creo que jamás he caminado tanto con un amigo, los conciertos que llevo, miles, ¿qué sé yo?...

SERGIO SARMIENTO: ¿Quién es tu amigo?

FACUNDO CABRAL: Valencia, Emilio Valencia, le decía ayer, porque él me preguntó: ¿cómo te sientes cuando te bajan con un sillón del avión? La primera vez fue grave, gravísimo. Después me di cuenta de que venía con la cabeza gacha, casi como escondiéndome, yo que soy un descarado, tal vez mi pecado sea que soy demasiado extrovertido, soy de ir así. Y tiendo a bajar la cabeza, cuando subo y bajo siento que es como que llevaran a Mohamed Alí mostrando su última derrota, la definitiva, como que no pasó, no, antes ha caminado sobre las aguas, ahora lo muestran en la cruz, siento lo mismo. Sí, es feo.

Viejo, porque no puedo seguirle el paso a esa muchacha que me gusta, como dice la canción de Zitarrosa: puedo enseñarte a volar, pero no seguirte el vuelo. ¿Te acuerdas de esa milonga tan bella?

SERGIO SARMIENTO: Sí, me acuerdo.

FACUNDO CABRAL: Yo no puedo darte amor, ni vos podés darme olvido. Es una maravilla de Zitarrosa, yo cuando la escucho la canto en el hotel para mí solo. Sí, estoy viejo para muchas cosas, pero estoy muy fresco para recordar.

SERGIO SARMIENTO: Hablando de esas mujeres cuyo vuelo no puedes alcanzar ahora, tú eres un hombre que ha tenido muchas parejas, muchas mujeres. ¿No queda después de todo este repicotear por todos lados un sentido de soledad?

FACUNDO CABRAL: Sí, porque con todas esas mujeres tendría que haber armado una cabaña de madera, entre las montañas nevadas, y los leños me esperarían al final de esta gira. Y habría un niño pelirrojo, ¿qué sé yo?, digo pelirrojo porque en estos momentos me acordé de una vendedora de hamburguesas que siempre la tengo en la cabeza, no sé por qué siempre aparece.

SERGIO SARMIENTO: ¿Pelirroja?

FACUNDO CABRAL: Sí, pero siempre aparece, no me olvido nunca esa imagen, además nunca fui ni novio ni nada, la vi una vez y le dije: tal vez no nos veremos más y siempre te amaré. Ella me dijo: yo también. Hace muchos años, y entonces vendría un niñito pelirrojo que: mira a tu nieto, Cabral. Ah, ¿cuándo llegaste de Canadá?. Y yo sospechaba eso, me sospechaba entre pinos y una biblioteca, pero no estoy...

SERGIO SARMIENTO: ¿No estás hecho para eso?

FACUNDO CABRAL: No, no estoy, tampoco me siento mal conmigo, porque yo he conocido algo, algo muy precioso que atesoro mucho, la independencia absoluta, y se paga muy caro. Ahora tengo que pensar, ¿dónde me quedo quieto y quién me...?, algo que tengo que aceptar y no me gusta aceptar, que alguien me cuide.

SERGIO SARMIENTO: ¿Quién te va a llevar el té en la noche cuando no tengas fuerza?

FACUNDO CABRAL: Ahora será una mucama, no será, o alguna vieja amiga con la que nos chocaremos, porque yo no soy propicio, no sé convivir.
Vivo con todo el mundo, pero no con una sola persona. Yo puedo caminar el mundo con cualquiera, pero no encerrarme en una casa con una sola persona. Nunca pude, por eso he estado solo.

Conocí mujeres formidables, tuve mucha suerte con las mujeres.
Aquélla que te conté el año pasado, que hoy mi hija tendría 24 para 25, por ejemplo, tal vez hubiera cambiado la historia, me estaría preguntando hoy: ¿cuándo vuelves para Chicago?, porque viviría por ahí, porque ella vivía ahí.

Pero, elegí esto, o alguien o algo, o Aquél, como lo escribía Borges, con mayúscula, decidió. Está escrito, ¿pero quién me quita la independencia y la libertad que gocé tanto? Porque el amor es bello, pero el amor no me hubiese permitido tanta libertad. Y la libertad me permitió incluso encontrarme de vez en cuando con el amor, aunque el amor hace tratos con los hombres libres por un rato, sabe que van a preferir la libertad siempre.

Y yo sigo siendo eso. Pero ya tengo que pensar, lo hablaba yo con mi amigo, ¿cómo voy a hacer?, porque ahora me tienen que ayudar a todo, a veces hasta a meterme a la bañera, a veces a ponerte las botas, que no podés, y se me caía, me moría de la bronca al principio: ¿cómo yo no puedo, cómo no sé donde puse la otra bota, cómo me caigo en la bañera, cómo tiro el teléfono al tacho de basura, cómo no me di cuenta que en lugar de tirar la caja del dentífrico, cómo pierdo un texto?

Sí, llegó la honorable, la sabia vejez que se parece al oriente y te acerca a la eterna vencedora. ¿Pero te acuerdas de aquel libro de memorias de Neruda, que se titulaba Confieso que he vivido?

Yo no tengo a quien confesarle nada, ni debo, pero me voy a morir feliz de que he vivido intensamente. Claro, no pude juntar las cosas que quería, pero tampoco permití que me juntaran a mí en un solo lugar.

SERGIO SARMIENTO: Hablabas de Aquél, que Borges escribía con mayúscula. ¿Ha cambiado tu concepto de dios, de la divinidad, has encontrado algo?

FACUNDO CABRAL: No, no, ahí está. Tú bebes agua y yo veo cómo te la bebes. Yo pasé, verás, nunca fui religioso, no soy tipo de dogmas, de logias, de etnias, no, para nada, incluso pienso que son muy peligrosas. Tomo un café y lo bebo. Aparece algo que vale la pena en el escenario, es él, los errores son solamente míos en el escenario.
El sol sale para mí, llueve para mí. Yo soy místico, no religioso, siento que todo, incluso lo que no me gusta, tiene que ver con él.

Pero no soy dogmático, ni mucho menos, porque les debo tanto a los agnósticos, yo he tenido la suerte de ateos maravillosamente iluminados, como el querido Borges, que decía, un día mi madre dijo: mire, Borges, hablemos en serio.... Mi madre era muy desfachatada, lo que no sabía quién era Borges, sabía que era un viejito ciego que era muy respetado en el mundo y punto.

Un día le digo: Borges, porque ella amagó decirle una línea de Isaías, dice: ¿sabe que mi hijo siempre recuerda una línea de Isaías cuando pasa algo bueno, o cuando está pasando algo malo, recuerda la frase de Isaías: esto también pasará. Entonces uno se aferra. Dice: vea usted.... Y en lo que él vio que mi madre seguía amagando con un texto bíblico, le dijo: Sara, antes que siga, yo le agradezco, pero le recuerdo que soy ateo. Y mi madre le dijo: por favor, maestro, usted sabe que sólo hay dos clases de seres humanos, los que creen y los que creen que no creen.

Bueno, yo llego al final de mi vida pensando que, ¿por qué se levantó esa señora esa mañana?, la señora que te está oyendo, ¿qué te levanta? Llámalo como quieras. ¿Por qué yo insisto en ir con el bastón y quiero ir al teatro, por qué es esto, qué me mueve eso? Es algo muy grande.

Yo no me animaría a nombrarlo. Ahora sería tan prudente como Borges: nadie rebaje a queja o reproche..., ¿te acuerdas?, la tremenda sabiduría de Aquél que con magnífica ironía me dio a la vez los libros y la noche. Bueno, yo termino siendo un creyente borgiano o un borgiano no tan agnóstico, pero por el lado del intelecto. Creo que voy a morir siendo completamente lo que siempre fui, un artista, porque el arte creo que es la más alta felicidad. ¿Ves?, ópticamente soy muy aburrido, siempre es lo mismo.

SERGIO SARMIENTO: Estamos viendo, estamos hablando con Facundo Cabral, estamos en La Entrevista, y precisamente Facundo nos está diciendo que siempre es el mismo tipo. ¿Siempre eres el mismo tipo, siempre has sido el mismo?

FACUNDO CABRAL: Sí. No, no te digo físicamente, siempre vas a ver, ¿qué sé yo?, puede ser un jeans más gastado o menos. Yo soy bastante aburrido físicamente, yo que amo la dinámica de la vida.

SERGIO SARMIENTO: Pero no en el ingenio, finalmente.

FACUNDO CABRAL: Acá no, ¿eh?

SERGIO SARMIENTO: No, la gente que te va a ver, te va a ver porque le gustan las letras de tus canciones, porque le gusta la forma en que hablas al público cuando estás en el escenario, porque le gusta tu ingenio. Eso no se ha perdido.

FACUNDO CABRAL: No, además esto a nivel intelectual gracias a dios no me afectó, creo que se rehacen las neuronas, porque yo en mi vida estuve... Ahora veo exactamente dónde iba a ir ese pase en el fútbol.
Ahora quiero contar algo de Calcuta, por ejemplo, de los tantos sacerdotes de tantas órdenes, y cuando lo termino de escribir digo: esto yo nunca lo hubiese podido escribir más claro. Ahora no tengo que corregir un texto, ahora sé qué me quiere decir Hermes Tremejistro. Ahora, creo que recién puedo leer a Heidegger, ahora sí a Kant, la felicidad de Whitman es mucho más grande. Ahora soy más benévolo con Ezra Poundy lo gozo más, soy menos crítico.

SERGIO SARMIENTO: ¿Sientes cerca la muerte, Facundo?

FACUNDO CABRAL: Sí, claro.

SERGIO SARMIENTO: ¿Te espanta la muerte?

FACUNDO CABRAL: No, no.

SERGIO SARMIENTO: ¿No te espanta la muerte?

FACUNDO CABRAL: No, me excita.

SERGIO SARMIENTO: ¿Te excita la muerte?

FACUNDO CABRAL: Me excita, sí, sí.

SERGIO SARMIENTO: ¿Cómo crees que va a ser la muerte? Finalmente esa es la gran incógnita, es la gran duda de todas las civilizaciones.

FACUNDO CABRAL: ¿Cómo creo o cómo me gustaría?

SERGIO SARMIENTO: Bueno, las dos. ¿Cómo te gustaría que fuera la muerte?

FACUNDO CABRAL: Leyendo.

SERGIO SARMIENTO: Leyendo. No, ¿pero qué viene después? No como dejas de ser o como dejas este cuerpo que se ha convertido a veces más en un lastre que en una liberación, como era antes.

FACUNDO CABRAL: Sí, ahora sí. Me dio felicidades, pero ahora es una obstrucción terrible, cargo una maleta inútil.

SERGIO SARMIENTO: ¿Qué pasa en el momento en que dejas este cuerpo, mantienes conciencia, desapareces en la nada?

FACUNDO CABRAL: No, conciencia no, porque sería una desprolijidad de dios, no sería elegante de parte de él, que es tan elegante, mira lo que es el Everest, el desierto, dios es un gran artista, una exquisitez, o esa idea que uno tiene de Dios.

No, es una gran liberación, sospecho, sospecho porque yo he estado en estados muy especiales por la salud, fundamentalmente dos veces, pero esto es muy difícil hablarlo así.

Pero no, sospecho una gran liviandad, una ingravidez, inconsciencia, porque la conciencia es lo más pesado. A mí me pesa más la conciencia, el estar midiendo cada acto, cada cosa que uno ha dicho o debería haber hecho, que el mismísimo cuerpo.

Callar a la conciencia, ser maravillosamente inconsciente, sonreír como sonríe un lama a 4 mil 500 metros de altura, con 40 bajo cero.
Sonreír como un shadow, acostado en el Ganges, que se acaba de pasar un cuchillo de lado a lado y sonríe y ve cómo se desangra. Esa inconsciencia extraordinaria que muy pocos encuentran en la vida.
Sospecho, cuidado.

SERGIO SARMIENTO: Claro.

FACUNDO CABRAL: Ahora, ¿cómo me gustaría? Vuelvo a Borges, ¿por qué no? Quiero morir Borges y todo, decía él. Me gustaría que se acabara hasta la memoria mía, que hubiera un final absoluto y, aun con felicidad en la eternidad, más me gustaría dejar de estar, romper el círculo de las reencarnaciones, ser parte de un alma un alma universal. A mí no me gustaría que se terminara, ¿qué sé yo?, hasta...

SERGIO SARMIENTO: Pero a Borges no lo dejamos morir nosotros, lo leemos, hablamos de él...

FACUNDO CABRAL: No, no lo dejamos. La gloria, decía Oscar Wilde, es el sueldo atrasado que la sociedad le debe al genio. Y la gloria también es una cadena. Borges decía que él se imaginaba al infierno como un lugar donde uno no podía olvidar nada y al paraíso como un lugar donde uno olvidaba absolutamente todo, primero que nada a uno mismo.

SERGIO SARMIENTO: El contraste con Funes el Memorioso, finalmente.

FACUNDO CABRAL: Exactamente, que era una tortura, que un poco era él.

SERGIO SARMIENTO: Claro.

FACUNDO CABRAL: El no podía olvidar nada. Pero si dios me lo permite, que ha sido generoso, a mí no me gusta pedirle, porque yo creo que el que le pide a dios no es un creyente, ni un cristiano, es un mendigo.
Y a mí eso, yo no tengo mucho respeto...

SERGIO SARMIENTO: ¿El que le pide a dios es un mendigo?

FACUNDO CABRAL: Sí. Pero a lo mejor tiene la gentileza de que a lo mejor me dice: lo podés terminar. Me voy a sentar con un texto glorioso, el poema del Golem, el Dante, seguro, donde quieras, en la estación que quieras, con un texto glorioso, tal vez el del rey Salomón, a lo mejor el Pedro Páramo. Y cuando lo termine entonces; tómate el café porque ya no importa si te hace mal, porque ya vas a dejar este...

SERGIO SARMIENTO: Ya vas a dejar de estar.

FACUNDO CABRAL: Y me gustaría acostarme y echado, diría: gracias. Eso es todo, morir serenamente. No, uno no teme morir, a uno le preocupa estar muriendo, eso sí.

SERGIO SARMIENTO: Eso es verdad. Facundo, se nos ha acabado el tiempo, quiero agradecerte...

FACUNDO CABRAL: Se acabó el tiempo con el tema, ¿no?

SERGIO SARMIENTO: Se acabó el tiempo con el tema, ¿qué le vamos a hacer?

FACUNDO CABRAL: ¡Qué bueno!

SERGIO SARMIENTO: Te agradezco esta Entrevista de Sarmiento con Facundo, siendo Sarmiento, no Domingo Faustino Sarmiento, y Facundo, no Facundo Quiroga, sino Facundo Cabral, créemelo, es un privilegio.

FACUNDO CABRAL: Gracias, siempre es un gusto.

SERGIO SARMIENTO: Gracias. Y a usted, amigo televidente, que hace posible este programa, se lo agradezco también. Eso es todo por hoy, pero no se le olvide, nos vemos la próxima.

 
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  Autor: MARIA 09/10/2012
  y bueno creo que lo visito la muerte fisica, como el queria, el sabia que el miedo a pasar por el tramite no era para el ,espero que no se haya ido con dolor, solo rapido y luego la luz.. salud amigo  
  Autor: carlos 01/06/2012
  hermoso, tuve la suerte de percibirlo desde joven y ver el ultimo espectaculo en argentina