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Entrevistador: Pla Ventura
09/10/2011
JOSEPHINE DOUET: "Me veo muy joven para sentirme consagrada"

J

osephine Douet vino al mundo en Francia pero, por cosas del destino, muy pronto se sintió cautivada por España y, ante todo, por nuestra ancestral fiesta de los toros: Vive junto a nosotros, ama con delirio la fiesta que apasionó a Hemingway y es artista de la cámara al más puro estilo Michael Yanashita, tratando de emular, sin pretenderlo, al inolvidable Alberto Korda.
Nuestra interlocutora es famosa a nivel internacional puesto que, sus fotografías al dado la vuelta al mundo. Es reclamada en las revistas, ELLE, TELVA, LIBERATIÓN, PARÍS MATCH, ESQUIRE, LES INROCKUPTIBLES, y otros medios de difusión mundial.

Sin embargo, su obra “cumbre” tuvo lugar junto al mundo de los toros y, de forma muy concreta, siguiendo los pasos de José María Manzanares puesto que, el artista alicantino le inspiró el libro PEAJES, en el que, juntos, autora y diestro se inmortalizaron juntos.

Dicen de la cámara de Josephine Douet que es como un “ladrón de emociones” titulo singular el que le define como la gran artista que todos conocemos. La belleza, la fuerza y la serenidad son los argumentos que motivan a esta dama para que, el “clic” de su cámara sea disparado desde su alma.

Las situaciones excepcionales de las gentes son el motivo de sus retratos puesto que, su mirada, tan sensible como mágica nos lleva más allá de lo inesperado.


Nuestra contertulia, Josephine Douet

Josephine tuvo el valor, la gallardía de estar durante muchos días junto a Manzanares para contar, con su cámara, las vivencias que nunca antes habíamos conocido en un diestro, labor ardua la suya, de una entrega apasionada para que el mundo conociera la singularidad y particularidades de un artista del toreo, caso de Manzanares, en su intimidad como artista. PEAJES es el resultado, la obra bella, de aquella tarea singular y épica por parte de la autora francesa.

-Nace usted en Francia, vive en Paris y, un buen día decide venirse para España e instalarse en Madrid. ¿Qué motivó dicha decisión? ¿Acaso no era valorada usted en su arte en Francia?

Me motivó el amor, como a menudo ocurre con los artistas. Vivía en Paris, trabajando como corresponsal grafica del diario noruego Dagbladet y tocando todos los palos de la información, cuando propusieron a mí entonces novio un puesto en Madrid. No tuve ni tiempo de preguntarme por la valoración de mi arte, acababa de empezar mi carrera y siempre me han gustado las aventuras, así que ni lo pensé, ¡y para Madrid que nos fuimos! Íbamos para un año y ¡llevamos doce!

-Es usted fotógrafa profesional, sin duda, una tarea apasionante. Por cierto, ¿qué capta usted tras el objetivo que no vemos los demás mortales?

Mi trabajo se caracteriza, según dicen, por su alegre melancolía. Suelo intentar desvelar otras facetas menos obvias del mundo que nos rodea. Me gusta que caigan las máscaras. Poner el alma al desnudo. No es fácil, pero lo intento. El ser humano me fascina.

-El hecho de que usted sea fotógrafa, ¿quiere eso decir que se ha inmortalizado a usted misma? Se lo digo porque, usted se marchará, como todos, pero dejará su obra.

En ningún momento se me pasa esto por la mente. Los fotógrafos tenemos algo en común con los toreros: la necesitad FISICA de ejercer nuestro arte. El deseo es lo que me motiva, no la gloria, que de todos modos es un engañabobos. Cuando haya muerto, que hagan mis hijas lo que quieran.

-Según usted, ¿qué instantánea de las que ha disparado le ha dejado más satisfecha? Recuerde por ejemplo a Alberto Korda cuando inmortalizó al Ché Guevara.

Hay que diferenciar dos cosas: lo que uno considera como su mejor obra, y lo que significa más para su trayectoria. El segundo caso es claramente la imagen de José Maria Manzanares sentado en su cama después de torear, llamando a su madre: una imagen extremadamente intimista que ningún fotógrafo había captado hasta entonces. Imagen que además adoro.

El primer caso es más complicado, hay muchas imágenes que me han dado satisfacción. Desde las risas de Rufus Wainwright durante una gira que hicimos juntos, hasta los gestos de una modelo en un backstage de Altas Costura en Paris, pasando por la mirada de mi hija o las caderas torneadas de una modelo desconocida. El punto en común de todas esas imágenes es el placer físico que me han procurado al dispararlas. Sabía que tenía LA foto.

-Los artistas de la cámara, Josephine, casi todos tienen su obra dilecta. Por ejemplo, Robert Cappa se consagro con la foto LA MUERTE DE UN MILICIANO. ¿Tiene usted su obra preferida o todavía está por llegar?


 
Siempre está por llegar. Si piensas que ya la disparaste, mejor que cuelgues los trastos. Hay que buscar, inventar, desear, curiosear, amar... Vivir.

-Y es curiosa su afición a los toros. ¿De dónde le nace esta afición que, según dice, está usted cautivada con nuestra ancestral fiesta taurina?
 
La historia viene de lejos. Mi abuela paterna, francesa de Toulouse, era una devota fan de Curro Romero y me llevaba de pequeña en autobús hasta Sevilla a verle torear. Supongo que eso hizo mella en mí y al llegar a España, ¡recaí!

-Decía el maestro Cabral aquello de que, el que hace lo que ama está benditamente condenado al éxito. ¿Ha sido el éxito la condena que le ha impuesto hacer lo que ama?
 
¿Condena? ¡Si es una bendición! El umbral del éxito lo pone uno mismo. El éxito para mi es vivir de mi arte, tener el lujo de elegir los trabajos que me interesan y que mis proyectos tengan salida. Lo otro, el éxito social, es un trampantojos y una pérdida de tiempo si trabajas buscándolo. Si llega, llega sin que lo hayas buscado. Coge el momento, disfrútalo, pero no te pares allí. Sigue inventando.

-¿Quién la cautivó más en su tierra, Edith Piaf o Charles de Gaulle?

Charles de Gaulle y con creces. Aparte de su figura política, también hay que resaltar su faceta humana e intelectual. Estoy ahora leyendo un libro de conversaciones suyas con André Malraux, y cada frase es para apuntarla. Una joya (“Los robles que derriban”, si queréis la referencia). Pero me encanta escuchar a Edith Piaf. Sigo siendo muy “franchute”.

-¿Qué personaje universal le marcó a usted para siempre?


 
Simone Veil. Sobrevivió a los campos de la muerte. Ministra de Sanidad en Francia. Permitió que se legalizaran la píldora y el aborto. Hizo más para las mujeres francesas con su ejemplo de determinación, de dignidad y de honor que ninguna. Otra gran intelectual, ahora académica. Le tengo devoción. En otro campo, George Sand, por ser una mujer libre, guapa, creativa, trabajadora y madre, en un mundo de hombres.

-En su peregrinar por el mundo de los toros, un día decide usted inmortalizar a José María Manzanares en su obra, PEAJES. Cuénteme, por favor, ¿cómo nació aquella su genialidad?
 
Nació de una bella amistad. Conocí a José Mari en una sesión de moda para la revista ELLE, nos caímos de maravilla, y empezamos una relación de trabajo privilegiada. Tenía la idea desde hace tiempo rondando, y fue muy natural proponérselo. El aceptó en seguida. Sabíamos que la convivencia con la cuadrilla iba a ser fácil. Y no fallamos, fue una temporada fabulosa de trabajo, de risas, de triunfos y emociones. De hecho, tres años después, seguimos todos en contacto habitual.

-Al margen de las bellísimas fotos de dicho diestro en Peaje, ¿qué otro mensaje queda detrás de tan lindo libro?

Gracias por el cumplido. Lo que quería enseñar era que la vida de un torero, por muy figura que sea, sigue siendo la de un hombre libre, cuya agenda depende de suertes, ferias y desgracias ajenas. Es una vida durísima de no dormir, estar lejos de casa durante semanas, jugarse la vida a diario. Y eso, que seas banderillero o cabeza del escalafón, no cambia. Lo contó en imágenes, y Jacques Durand escribió un texto maravilloso para acompañarlas.

-Al comprobar lo que siente usted por la fiesta de los toros, inevitablemente me hace recordar a un extranjero que vino a España en los años cuarenta y se quedó cautivado con nuestra fiesta. Me refiero a Ernesto Hemingway que nos narró Muerte en la Tarde. El paralelismo entre el norteamericano y usted ya está logrado: Hemingway narraba Muerte en la Tarde y usted nos deja Peajes, curiosa circunstancia entre dos extranjeros que vinieron a España para darnos lección sobre la fiesta de los toros. ¿Verdad?
 
Si, salvo que yo no tengo intención de dar lecciones a nadie. Mi obra no es didáctica, sino onírica. Creo que hay que soñar el toreo. Volver a soñarlo.

-¿Qué piensa, Josephine, de la barbarie que se ha cometido en Barcelona al clausurar su plaza de toros?

Pienso que nos hemos dejado manipular y que podíamos haberla salvado. Que hemos enterrado un muerto muy vivo. La afición existe, los artistas e intelectuales también nos volcamos. Hay que volver a darle a la Fiesta su nombre. Los toros son un placer, una alegría, una comunión. Debemos de recuperar esta dimensión y salir del fatalismo. Pero solo soy una fotógrafa y puedo hablar de lo que siento yo.

-En muchas ocasiones, al respecto de la fiesta de los toros, señora, siento vergüenza de ser español porque, en Francia, en la mayoría de sus plazas nos siguen dando lecciones de honradez, de credibilidad y de otros muchos valores de los que aquí carecemos. ¿Qué diferencia encuentra usted, taurinamente dicho, entre España y Francia?

La dimensión festiva sigue existiendo en Francia. Es la gran diferencia. La gente va a los toros a disfrutar. Hemos superado los complejos y me parece que está empezando a cambiar en España también. Cuando he visto las calles de Valencia después de los toros este verano, me alegré mucho. Gente toreando por las calles, fiesta en los alrededores de la Plaza... En Bilbao también, este año sentí un soplo de aire fresco. No es fácil, la relación con el toro sigue ligada a Franco en muchas mentes, pero hay jóvenes increíbles que se dejan una energía descomunal en los toros. Pienso en el foro de la Juventud Taurina, al Tendido Joven... Poco a poco van cambiando las cosas, pero no podemos parar de explicar, de enseñar, de contestar a las preguntas que se hacen los antis y los que no saben. Con amabilidad, paciencia y afición.

-Al margen de Manzanares, ¿por qué otros toreros dispararía usted su cámara?

No lo sé. He hecho fotos a muchos, tengo muy buenos amigos en el mundillo, pero la experiencia es irrepetible. Habrá que inventar otra cosa...

-El célebre Arthur Sasse decía que su cámara eran sus ojos. ¿Qué tiene de mágico su objetivo?
 
Es como un laser, concentra la mirada del fotógrafo al extremo. Y también sus intenciones. Cada fotografía es un retrato del fotógrafo, al fin y al cabo.

-Cuénteme, por favor, alguna anécdota curiosa que haya tenido en el mundo de los toros y que le haya marcado para siempre.

¡¡Hay tantas!! Si en ese mundo cada día pasan mil. El toro hace la vida “bigger than life” en cada instante. Por eso estamos enganchados, ¿no cree usted?

-Todos abogamos por José Tomas en cuanto a los toreros pero, en la actualidad, ¿se podría concebir la fiesta de los toros sin Morante de la Puebla?
 
Yo soy de Morante. Respeto a José Tomás como el inmenso torero que es, pero su toreo no me llena. ¡A mí me puede el arte! Manzanares, Morante... Y los toros, toros. Cuadri es mi ganadería predilecta. Contradictoria que es una, jajaja. Pero a medias, nada.
 
-Marcelo Geppetti se consagró como fotógrafo retratando a diversas estrellas de cine. ¿Quiere esto decir que Manzanares ya le consagró a usted?

Eso, que opinen los demás, pero me veo un pelín joven para el momento consagración. Sigo trabajando, y el resto me importa poco.

-¿En qué proyecto hermoso está trabajando usted ahora? Se lo digo porque, a  nivel profesional, aunque su obra, Peajes, ha sido bellísima, no queremos quedarnos con ella sola.
 
Eso es secreto de estado, ahora mismo, jajaja. Pero trabajo, y me hace feliz lo que veo en mi cámara. Y mis fotos también se pueden disfrutar en la prensa y las exposiciones que van girando por Europa.

-Señora Josephine, añada cuanto quiera. Esta es su casa.

Solo agradecerle sus preguntas, muy pertinentes, y su interés. Espero haberle podido transmitir mi amor a los toros y a mi profesión.
 
Un abrazo.

 
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