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Era entrañable. No tierno. Era fabulador, pero pisaba en tierra. Sus crueles enfermedades, que superó con ejemplar estoicismo, lo habían empujado al mundo real.
En las charlas domésticas de mesa -de noche- solía desatar su verborragia, pero sin apabullar a este par de amigos comensales. (f1)
Tampoco era muy distinto del Facundo Cabral del ... |