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R econozco que, las convicciones de Facundo Cabral me siguen emocionando. Su vida ha sido un modelo ha seguir y sus lecciones un motivo de enseñanza para la humanidad. Escribo ahora bajo los efluvios que me produce la sensación tan hermosa respecto a las palabras que Cabral nos ha dicho que, de todo cuando nos ha escrito, resalto el párrafo que agrego a continuación:
“Dios me da oportunidad de seguir compartiendo lo que me enseñó por el mundo, y le agradezco el cáncer porque me terminó de despertar, y solo despiertos podemos gozar la vida, el más grande de los tesoros. Un gran abrazo de vuestro hermano, Facundo Cabral”.
Como se aprecia, no cabe más grandeza dentro de su ser; no hablamos del artista, más bien de un individuo lleno de convicciones ante la vida que, su peregrinar por el mundo no es otro que un motivo de enseñanza para cuantos queramos seguirle.
Ante la enfermedad, Facundo Cabral solía decir: “Si tienes cáncer pueden pasar dos cosas y las dos son buenas; si mueres, el cáncer morirá contigo y si te curas, te harás más agradecido ante la vida.” Y esta máxima que, metafóricamente suena bella, como se ha demostrado, Cabral ha sido capaz de aplicarla a su vida.
Cuando todos hacemos un drama de la enfermedad, el maestro Cabral, de la misma, es capaz de tomar lecciones. Ahí están sus pruebas. Y puedo confesar que, el cantor argentino, en este trance, lo ha pasado fatal; pero ha podido más su convicción frente a la vida que la crueldad de su propio cáncer. Venció y, como él dice, le sigue dando gracias a la vida puesto que, gracias a su enfermedad le terminó de despertar para seguir caminando por el mundo.
Facundo Cabral nos ha emocionado a todos; lo suyo no eran palabras bonitas para convencer al mundo; él mismo ha demostrado, en su propia persona, que todo aquello que pregonaba lo sentía de verdad y, hasta el mismo drama de su enfermedad, lo ha tomado como la más grande lección.
Cabral, el que ha sido siempre un milagro frente a la vida, ahora, con su drama personal en lo que a su salud se refiere, Dios ha hecho con él el milagro más hermoso. Todavía sigo secándome las lágrimas cuando, unos días antes de su intervención quirúrgica, en aquella conversación que mantuvimos, en sus palabras pude denotar que, como me decía, era la última vez que conversábamos; se estaba despidiendo de mí y, por supuesto, de todos sus hermanos por el mundo. Sin embargo, seres llenos de luz que supieron rezar por él, un médico arriesgado que se atrevió en operarle y, ante todo, el milagro divino; todo ello, aunado, ha logrado que, ahora mismo, Cabral, siga vivo y emocionado y, lo que es mejor, agradecido con la vida. Ahí están sus palabras que lo dicen todo y, lo que es mejor, las que debemos tomar como lección.
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