or las connotaciones que se han dado cita en mi vida, irremediablemente, yo debería de pasármela dándole gracias a Dios, al destino y a todas las personas de buena voluntad que se han cruzado en mi camino. Y, de forma humilde, esa es mi intención y, el premio, no es otro que cuanto me sucede cada día.
No me cansaré de decir que, ante todo, soy un ser humilde; nací en una cuna de paja y, tal ancestro, jamás lo olvidé. Junto a Soledad Ventura pasé mis primeros catorce años y, no tengo rubor en confesar que, en tan pocos años, qué grandes lecciones aprendí. Pese a todas las privaciones que teníamos, reconozco que fui un ser afortunado; bebí en la fuente del amor de aquella irrepetible mujer y, posiblemente, me bastó y me sobró para el devenir de mis días. Parafraseando a Cabral diré que, se llamaba Soledad, la elegí como madre por la misma razón por la que Dios la eligió como hija; no usaba agenda porque hacía lo que amaba y eso, se lo recordaba el corazón.
El abuelo Pla Ventura con su nieto Pablo Pla
Aquel modo de vida me cautivó. Hacer lo que uno ama no es otra cosa que acariciar el éxito constantemente. Respecto al trabajo, desde siempre me fascinó la idea de no usar agenda y, ese ha sido mi triunfo. Ello denota que, cuanto hice, supe amarlo. Entre otras muchas tareas, fui basurero, como dirían en Argentina, un ciruja; supe ser trabajador de la tierra en calidad de labrador; trabajé en una fábrica de neumáticos, como Juan Rulfo; fui montador de juguetes; y, pasados los años, hasta me permitió Dios la bendita licencia de ser mi propio patrón. Y alguien podría preguntarme; ¿Y no eres escritor? Al respecto, la definición es tan seria que me produce rubor atribuirme tal menester. Digamos que, durante muchos años, viví aferrado al periodismo y éste, es el que me llevó por los vericuetos más cercanos a la literatura pero, mi vida, al respecto, dista mucho de lo que entendemos como un escritor. Como siempre dije, soy un humilde campesino de las letras que, tras dejar los trebejos de labranza, un día de la vida se me ocurrió contar historias y, de alguna manera, si se me permite, intenté ser un notario de la actualidad de todo aquello que estaba viviendo.
Pese a todo, no tengo una profesión definida. Como se diría puedo ser oficial de todo y un maestro de nada. Y es cierto. Así lo confesé en miles de ocasiones; como diría Sara, la mamá de Facundo Cabral, hago mía su más célebre frase: SOY DOCTO EN NADA. ¿Qué eres, entonces? Si, en honor a la verdad, hay una profesión que no se si está muy generalizada, pero yo me la atribuyo sin modestia alguna: SOY UN VENDEDOR DE ILUSIONES. Ahí quedo, sí señor. Y gracias a este motivo, un día supe apoyarme en Ingrid Matta y, juntos, crear lo que más orgulloso me tiene en la vida: DIFUNDIR LA OBRA DE CABRAL, sencillamente, algo fantástico que me ha llenado de convicciones y, pasado el tiempo, éste me certificó que no estaba equivocado. Ahí están las pruebas. Cientos de miles de personas nos visitan para regocijo de sus corazones que, junto a nosotros, han comprendido que la vida solo tiene un solo sentido, VIVIRLA.
HOMENAJE A FACUANDO CABRAL no es otra cosa que, el reconocimiento de un humilde CIRUJA, como es mi caso, hacia el argentino más grande que pisa este planeta, en calidad de artista. Nuestra Web ha aglutinado a un elenco de personas que, sin ellas, con toda seguridad, hubiéramos fracasado. Pero todas ellas se unieron a nosotros porque percibían el amor que aquí se fraguaba. Algún día me gustaría poder contar el modo y manera de cómo llegaron todos cuantos aquí colaboran; historias bellísimas que, a no dudar, me dejaron repleto de amor. Jamás podía yo sospechar que, Cabral pudiera derramar tanta magia. Y, poco a poco, la vida me demostró que, el amor, donde fuere, agrupa a cuantos aman y que para nosotros, dicho amor solo tiene un sentido; hacer felices a los demás y, rendirle honor a nuestro hermano mayor, el que cura con la palabra que no es otro que Facundo Cabral.
Como antes decía, mi única frase en la vida tendría que ser, ¡Gracias! Gracias a Eyael Luca que ha querido ponderar mi figura en una fecha tan hermosa como la de mi cumpleaños; gracias a ella y a todo bello elenco que formamos parte de esta AMOROSA FRATERNIDAD que, sin distinción, se han volcado a favor de mi humilde ser. Y como quiera que la magia de Cabral arrase con todo, Eyael querida, tu trabajo ha sido visitado ya por miles de personas que, a no dudar, han entendido tu bello mensaje.