esde que tomara vida el divorcio, -remedio para muchos males-, por regla natural, ha crecido ese ingente colectivo de madres separadas. Dichas damas son una especie a tener en cuenta. En la mayoría de los casos en cuanto a malos tratos y denigración de la mujer, dicha señoras consiguen el anhelado divorcio y, a su vez, la consumación del drama. Claro que, para muchas mujeres, en su fuero interno, al respecto del alejamiento del hombre que las hace sufrir, en el peor de los casos aplicarán uno de nuestros refranes, aquel que dice que, es mejor morir que perder la vida.
Yo, que he tenido el privilegio de visualizar el corazón de muchísimas mujeres en esta situación, de pasearme por los recovecos de sus corazones por aquello de la amistad, a su vez, he conocido el drama al que cito desde sus más angustiosos ancestros. No es fácil el papel de la madre separada; yo diría que es una tarea dificilísima, tremendamente complicada y, las mujeres que han adoptado dicha posición merecen mi admiración y mi respeto y, creo que el de la sociedad en general. Se trata de una decisión trascendental en sus vidas, un paso hacia delante sin camino de retorno y, en dichos vericuetos se dejan muchas cosas, entre ellas, como les ha ocurrido a muchas, aquella libertad económica que gozaban.
La mujer separada, de la noche a la mañana, cambia de vida de forma radical, pero en todos los órdenes. Aquella estabilidad económica que le permitía vivir con dignidad, tras la separación, se ha perdido para siempre; tienen que buscar trabajo que en ocasiones, hasta se torna una quimera; se pierden amistades, se cambia de lugares y, la vida, de repente, empieza a se otra; distinta, si se me apura, distante de muchas cosas; en decir, a cambio de la paz anhelada, en contrapartida, se paga un precio elevadísimo, de ahí la admiración que le profeso a esa ingente colectivo del que hablo. Ciertamente, para tomar dicha decisión, la mujer tiene que estar impregnada por un valor especial, dotada de una fuerza magnética interior que, en el devenir de sus días, tanto tendrá que esgrimir. Son muchas las trabas pero, al respecto, la decisión está tomada. ¡Basta ya de humillaciones! Es el sentir de toda mujer separada.
Desdichadamente, por esa aparente libertad que anhela la mujer, el precio a pagar es elevadísimo; solamente lo saben las que lo han pagado. Claro que, el drama propio empieza dentro del propio hogar respecto a los hijos; mientras son pequeños todo es más liviano; el gran problema surge cuando los niños crecen, se hacen adultos y comienzan a tener sentido de la situación. Muy difícil la tarea de la madre al tener que explicarle a su hijo que, en la mayoría de los casos, el padre era un ser maligno que no merecía vivir en dicho hogar, de ahí la aludida separación. Dicho así, parece sencillo pero, al hijo siempre le queda la duda de cuanto la madre le cuenta. Cuestión de fe es la que tiene que albergar el alma del hijo por cuanto la madre le ha explicado.
A este respecto surgen los mayores problemas; pese a que la madre, en la práctica totalidad de los casos se entrega por completo a la educación y cuidados de su hijo, éste siempre sustenta la duda al no comprender las razones por las cuales no tiene padre ó, en su defecto, que éste viva alejado del hogar. Tremendo el conflicto emocional en todas las familias de esta estirpe. Hijos en la búsqueda del padre que no han tenido y madres abnegadas queriendo suplantar la carencia paterna, esta es la disyuntiva emocional para toda madre separada y con hijos.
La madre, aún separada, sigue siendo mujer y, en muchas ocasiones, hasta tiene la oportunidad de realizarse como tal con otro amor. Amor que, en muchas ocasiones, hasta tiene que ser a escondidas. Difícilmente resulta la tarea para la madre para tratar de explicarle al hijo que, su corazón, ha encontrado otro lugar donde asentarse. Casi siempre, el hijo suele rechazar lo que para la madre es una nueva ilusión; incluso, muchos hijos, ante este hecho, hasta ven a su madre como una “cualquiera”, situación lamentable porque, en realidad, lo que deberían de ver es el esfuerzo titánico que la madre ha llevado a cabo para la educación y cuidado del hijo. Como explico, es tremendo lo que muchas mujeres tienen que sufrir. Aman sin condición al hijo querido y, por su parte, éste no comprende que, su propia madre, dueña de su vida, tiene derecho a reconstruir un futuro esperanzador y, si es junto a otro hombre que ha sabido complementarse junto a ella, la comprensión debería ser la norma por parte del hijo.
Difícil el contexto familiar que, en algunos casos, cuando el hijo es capaz de comprender a la madre, tras muchos esfuerzos por parte de ambos, llegan a la conclusión de que, mediante el respeto, se puede lograr el éxito emocional por parte de todos. Un hijo no puede ser el “dueño” de su madre puesto que ésta, por todo el esfuerzo que ha realizado a favor de su vástago, merece todo el respeto del mundo. Un hijo no puede aniquilar a la madre su condición de mujer y, mucho menos, que ésta no pueda sentir las emociones que su corazón le pueda deparar. Sostengo que, mediante el respeto del hijo hacia la madre y con la abnegación de ésta, pese a tantas trabas, se puede llegar al éxito que, en definitiva, no es otro que saberse todos felices y, si la dicha pasa porque la madre encuentre un nuevo amor que sea capaz de amar a la madre y entender al hijo, la paz de ese hogar todavía puede ser posible.
Como antes dije, mis respetos hacia todas las madres que, huyendo despavoridas de todo mal trato que les daban sus maridos, fueron capaces de jugar la baza del divorcio que, en el noventa por ciento de los casos, les ha supuesto un esfuerzo inimaginable. Esfuerzo que, los hijos, al paso de los años, tienen la sagrada obligación de entender porque, de lo contrario, demostrarán que no quieren a sus madres. Es terrible que, como he comprobado, muchas madres, hasta se han sacrificado como mujeres por sus hijos. ¿Cabe mayor prueba de amor? Entendamos a la mujer separada puesto que siempre es la gran sacrificada. Padres pueden haber muchos; madre solo hay una y, como diría Cabral, a mi me tocó la mejor.