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L a noche comenzaba a entreabrir sus ojos, mientras lentamente caminaba bajo el resplandor de una redonda y hermosa luna, cuyo rostro no parecía pálido, ¡estaba feliz!, igual a una mujer, que se sabe deseada por el amado.
Sola en la sala, observo un especial refinamiento, sensibilidad que todo lo envuelve, serenidad incluso en la escena mas humilde que nos muestra un grabado, la pintura o la porcelana. Plasticidad en sus infinitas formas, alegres, picaras, serias, elegantes…en todas el color, es algo que tiene prioridad.
Aquella porcelana…. ¿donde te ocultas? , ese rojo de la flor que te acompaña entre tus manos, no se si veneras, contemplas o sencillamente… no existes. La intensidad de ese rojo, diferente, llama de forma sorpresiva mi atención, ¿donde lo he visto?…no consigo recordar Ohhh ¡si!, es igual al rojo de la sangre, levanto mi mano queriendo sentir el calor del denso y fluido liquido, asi siento cada pétalo de entre mis manos…  Nuestra compañera, Isaura Díaz Figueiredo
Camino por la sala igual que los comerciantes por la Ruta de la Seda, consumidos en mil batallas, pestes, robos…intentando aniquilarlos, pero continuaban con sus pesadas caravanas, auténticos bazares; en su interior portaban todo tipo de bellezas, jarrones, sedas, lanas, oro, plata, animales multicolores , ¡diferentes!, ¡únicos!
El rojo comienza a perder intensidad volviéndose verdoso como la esperanza aún sin conseguir, o azul como la libertad ansiada….el negro también está presente, recordando posiblemente el dolor de aquellas gentes que dejaron sus vidas en el trasiego comercial La geisha ausente que muestra la porcelana…esposa de noche, jamás de día, despreciada y a la vez deseada, admirada, brillante como el oro…hay fisuras en el jarrón de perfume …dicen que son defectos en la fabricación, vetas de carey, pelo de conejo ¡ no! Son lagrimas, soledad, amor en desamor, amante, opio, sonrisas serenas de hielo desea abrir la puerta, volviendo a entornarla…ella no existe, quedo atrapada entre rosas de sangre, azules verdosos de lagos, mientras contemplaba entre nenúfares amarillentos atardeceres. |