MANUEL MOLTÓ: "Junto a Vicente Ferrer aprendí el inmenso valor de su humildad"
E
n este peregrinar por los vericuetos del amor y del humanismo, hemos tenido la fortuna de encontrarnos con un personaje admirable al que conocemos como Manuel Moltó, “Manel” como todo el mundo le conoce pero que, pese a su juventud, ha tenido experiencias fantásticas en la vida que, a no dudar, nos servirán a todos. Queremos conocerle en profundidad y, la mejor manera no es otra que pulsar sus opiniones y, en realidad, lo que pretendemos es tocar su corazón, sin duda alguna, el motor que le ha dado sentido a su vida.
-Dice usted ser terapeuta de la drogodependencia. ¿En qué consiste en realidad su trabajo?
En muchas ocasiones las personas crecemos con determinadas carencias de afecto, a veces con experiencias negativas que condicionan nuestra personalidad, con miedos que nos impiden ser nosotros mismos y que nos llevan a un sentimiento de inferioridad… Y en muchos casos se hace imposible estar cómodo dentro de uno mismo. En estos casos cualquier droga, el alcohol, el juego, proporciona una oportunidad de no estar en mi mismo y por lo tanto, disfrutar del placer de que no exista aquello que condiciona mi malestar. Normalmente la persona no es consciente de este proceso, únicamente un día se encuentra con la realidad de una adicción. Mi trabajo es deshacer ese camino y acompañar a la persona en el inicio de otro.
Nuestro contertuliano, Manel Moltó.
-Según se ha explicado usted, su trabajo lo entiende como algo muy normal; digamos que, como cualquier otra tarea pero, ¿se podría hacer dicho trabajo sin tener una convicción total por el mismo?
La persona que ha generado esta problemática normalmente esta solo, aunque viva con su familia, el sentimiento es de soledad, culpabilidad e incomunicación. Si al profesional no le nace recogerlo, darle confianza y generar una alianza afectiva, difícilmente el paciente le situará en un lugar diferente y terminará convirtiéndose en otra carga más.
-¿Qué sería de este mundo, amigo, si como es su caso, no hubieran humanistas; gentes que trabajaran, ante todo, movidos por el amor?
En mi opinión la esencia de la existencia es el amor, yo baso los problemas del mundo en la ignorancia, creo que el humanismo no es una elección moral, es lucidez.
-Ciertamente, usted, por sus conocimientos, podría haber trabajado en cualquier oficio pero, según he podido saber. Su vida ha discurrido por los senderos de la solidaridad para con sus semejantes. Ante todo, ¿qué le motivó para formar parte de todos esos colectivos llenos de humanismo con los que usted ha trabajado?
Soy adoptado, y creo que soy mulato, no lo sé a ciencia cierta porque no conozco mis orígenes. Hace años, cuando era pequeño era el único niño de otra raza en mi colegio, puesto que hace 30 años España no contaba con la diversidad actual, sufrí mucho, no saber de donde eres, racismo por otro lado y nadie como tú. Pero finalmente, entendí, comprendí y sentí mucha lealtad hacia lo que había descubierto.
-En su primera incursión por el mundo marginal, Manuel, he sabido que en México, su labor por aquello de ayudar a niños indigentes, no tuvo el resultado que usted anhelaba. ¿Me puede contar algo al respecto?
Resulta que en un primer momento piensas que únicamente se trata de ayudar, y no de analizar la realidad que tienes en frente, ¿Cómo vas a ponerte a analizar a una persona que ha creado una ONG para ayudar a niños de la calle? Obviamente si lo hizo, lo hizo por amor y mi única misión era serle de utilidad a él y a los niños. Pero tras unos meses de trabajo allí, pensando en que me iba a quedar a vivir allí para siempre descubrí una manera secreta de sacar dinero de este individuo y al mismo tiempo la razón por la que quería trabajar con niños. Mi mundo se hundió hasta lo más profundo y tras enfrentarme a él sin éxito permanecí unos días escondido hasta que me pude marchar de la ciudad y de México. Mi conclusión fue, dolor, incomprensión, miedo ante lo salvaje y desconocida que entendí que era para mí la vida en el mundo, odio hacia aquella persona y una profunda lección de humildad, ayudar a los demás no se trata de ponerte al servicio de una causa, es algo mucho más complejo.
-Si estuviera en su mano, ¿qué directrices le daría usted a esta sociedad enervada en la que vivimos que, como usted sabe, puede más el dinero que los valores humanos?
En primer lugar, la educación familiar de la persona es la clave de buena parte de su futuro, padres y madres de manera inconsciente y otras no, traspasan a sus hijos, egoísmo, desconfianza, miedo, imposición… pienso que para ser padre o madre habría que hacer algo así como un curso obligatorio, algo que permitiera entender cuales pueden ser las consecuencias en el modo de educar, que enseñe un poco a los padres el sentido de la verdadera afectividad y de las claves del crecimiento humano.
En segundo lugar, la educación oficial, creo que numero de modificaciones que propondría no tiene fin.
-Decía Facundo Cabral que, una bomba hace más ruido que una caricia pero, como usted sabe, millones de caricias son las que siguen alimentando el mudo. ¿Qué fórmula podríamos darle a la sociedad para que, dicha máxima, la tomásemos como lección vital para nuestra existencia? Es decir, que todos, desde nuestra trinchera, construyésemos la vida a base de sonrisas y olvidásemos el rencor.
Pienso que el concepto de libertad, que no es más que ser libre de las mentiras y miedos en las que vivimos diariamente, cuando soy yo mismo, la búsqueda y la entrega de esa caricia es innata en el ser humano. Un adulto para ello necesitaría ayuda y un niño educación
-¿Cree usted que, el mundo está tal mal por las fechorías de los malos o, por el contrario, del silencio cómplice de los llamados buenos?
Creo que la ignorancia se apodera del mundo en la actualidad, todo el mundo tiene sus argumentos y parece ser que la gente no tiene muchas oportunidades de un crecimiento personal.
-Usted, en calidad de cooperante ha recorrido muchas partes del mundo: México, Santo Domingo, Guatemala, Venezuela y algunos países más como la India. ¿Qué lección aprendió usted en todo ese peregrinar por el universo?
Que todos somos iguales, que vamos hacia el mismo lugar y que el amor es el alimento universal.
-Si los malos supieran qué buen negocio es ser bueno, con toda seguridad, serían buenos aunque fuera por negocio. ¿Lo pensó usted alguna vez?
La manipulación es, desgraciadamente una herramienta vital para muchísima gente en su día a día, y los mayores profesionales de ella casi parecen héroes con sus aparentes buenas obras, es de lo más triste ver a un inconsciente que favorece la pobreza del mundo pensándose genio,
-¿Dónde radica su magia, amigo, para que, usted, con su palabra, logre convencer a sus pacientes de que, la vida, en realidad, es lo único importante y que, como tal merece la pena?
Mi magia reside en que le pido a Dios todas las noches que me ayude a encontrar la manera de ayudar a mis pacientes, y siempre la encuentro, porque no lo pido para mí, sino para ellos.
-De entre sus muchas vivencias, tiene usted el honor de haber compartido mesa y mantel con el español humanista más grande que todos hemos conocido, Vicente Ferrer. ¿Cómo logró usted semejante éxito?
Vicente Ferrer junto a los "suyos".
El destino en pocas palabras lo quiso así, presenté mi currículum y por otro lado ya conocía a alguna persona de la Fundación. Pienso que si no hubiera conocido a Vicente Ferrer, no seria lo que soy actualmente, estar con él fue una inspiración que desde entonces, marca todos los días de mi vida. El era una energía que trascendía, lo sentías nada más verle. Junto a él aprendí de su inmenso valor de la humildad.
-Dicen, amigo, que la mirada de Vicente Ferrer era penetrante. ¿Qué decían sus ojos?
Te veo, sé quien eres, ¿qué buscas?
-¿Cree usted, como yo, que Ferrer ha sido el hombre más grande que ha dado España para el mundo, a nivel de humanistas, claro?
Pienso que las personas que llegan a esa fuerza, se parecen mucho entre ellas, Teresa de Calcuta, Gandhi, Vicente Ferrer, son en el fondo tan homogéneos.
-¿Qué lección tomó usted junto a tan carismático hombre?
Que no somos más que un camino hacia Dios
-El día que le concedieron y entregaron a Vicente Ferrer el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, en dicho día y a la misma hora, amigo, se casaba el torero Rivera Ordóñez con la hija de la Duquesa de Alba y, todas las televisiones retransmitieron el evento de la boda y, Vicente Ferrer quedó relegado a un segundo plano. ¿Cómo entiende usted semejante atrocidad?
Creo que como decía antes la ignorancia es la bandera que hondea más alta en nuestras fortalezas
-Cuénteme, por favor, usted que conoció el entorno de Vicente Ferrer en la casa “madre” allí en la India, ¿cómo era todo lo que usted pudo ver al respecto?
Recuerdo estar en un colegio de la Fundación para niñas ciegas, con la dureza de las vidas de la gente de Anantapur no solían llegar a la edad adulta y la fundación creo esos colegios para ellas. Todas con su uniformes y sus trenzas, entre 4 y 10 años, todas vivas, cuidadas y queridas, cuando nos fuimos nos cantaron setenta de esas niñas “adiós con el corazón” en español, no podía respirar, se me caían las lagrimas de belleza y hubiera dado mi vida por cada una de ellas. Era ver como el hombre vencía la pobreza, ver como el hombre salvaba al hombre.
-¿Qué se decía en la India al respecto de Vicente Ferrer?
En toda la región de Anantapur le llamaban “el father” y mucha gente ponía una fotografía suya en el altar familiar. A él, eso no le gustaba en absoluto.
-Allí estaba, como no podía ser de otro modo, La Madre Teresa, ¿tuvo usted ocasión de conocerla?
No, yo fui a la India hace únicamente 4 años, pero me dio mucha pena saber que la organización de la madre Teresa está muy debilitada en cuestiones de estructura, fondos y proyectos.
-Añada cuanto quiera que, por sus experiencias por el mundo, con toda seguridad que nos podrá regalar pasajes hermosos de su existencia.
Cada vez tengo más claro lo poco que sabemos de este mundo, pero ninguna persona fallará si el regalo de la vida lo utiliza para crecer y querer. Le deseo a cualquier persona que lea estas palabras, suerte y ánimo para el camino.